Facebook y el mejor amigo del hombre

Una vez tuvimos un perro, se llamaba Lucky, pero no sabíamos pronunciar bien en inglés entonces se llama Luqui.

Luqui creció en la parte de atrás de una casa antigua, pero nunca fue domesticado. Nunca fue parte de la familia, porque la familia somos mi papá, mi mamá, mi hermano y yo. Luqui era un perro y por eso no lo vestíamos. Tampoco era mi mejor amigo, mi mejor amiga era Susana, que es humana.

El perro se murió hace más de 20 años y esa fue mi única experiencia con una mascota. Ahora me cuesta entender la relación que mucha gente tiene con sus perros y sus gatos y corro el riesgo de ganarme varios enemigos, ya que muchos los consideran los mejores amigos del hombre, y otros los consideran sus hijos. Lo siento, pero esto no solo es irracional, es insano.

Qué vieja tan amargada, no sabe lo que es el amor…

Por otro lado está Facebook (giro inesperado en la trama). Facebook no es el mejor amigo del hombre, tampoco es tierno,  ni hay que recogerle el popó. Pero facebook se parece en algo a sus amados Firulais.

En el último año la red social ha sido señalada por la manera en la que recibimos información, la proliferación de las noticias falsas y el impacto que esto tiene en cosas serias como las elecciones. Con cualquier tema coyuntural publicamos opiniones, esperamos validación y la conseguimos porque Facebook empezó a priorizar el contenido afín a nuestros intereses, eliminando artículos o noticias que fueran en contra de las opiniones de cada usuario. La polarización se alimentó de los mismos hablando con los mismos.

No hay diálogo porque no hay confrontación, no hay diversidad de opiniones porque es como si estuviéramos hablando solos (o hablándole a un perro que no responde). Es que  hablar solo es muy bueno porque nadie contradice, pero es muy peligroso porque uno se vuelve bobo si no se alimenta de los otros, del otro, de lo diferente.  

¿Qué tiene esto que ver con las mascotas? Que tener un perro y llamarlo mejor amigo es hacer trampa. Reemplazar con perros y likes a la sociedad en la que tenemos que ser tolerantes es hacer trampa. Los amigos reales (no los virtuales, ni los caninos) discuten, dialogan, piensan igual en algunas cosas y difieren en otras. Un amigo no es el que espera que uno lo alimente y le sobe la barriga. Un amigo nos hace pensar.

La validación que encontramos en Facebook, donde escupimos opiniones y tenemos la sensación de tener la razón, es la misma que la de la mascota a la que le hablamos y no responde. Hay gente para la que es suficiente un like o un ladrido. Pero vaya respondale de verdad. Por la falsa validación de las redes, el susto que se meten cuando alguien opina diferente es el mismo susto que cualquiera tendría donde el perro llegue a responder de verdad.

Notas al pie:

  • Está bien tener mascotas, pero para darles valor como animales, no para reemplazar a los humanos, con todas las dificultades que tenemos.
  • Si tienen a su perro o gato de amigo en Facebook o en instagram, acuérdense que la cuenta la crearon ustedes, eso es hablar solo a otro nivel.
  • Donde enterramos a Luqui ahora hay un fructífero árbol de aguacates, así que le estaré agradecida por siempre.
  • El siguiente perro carehumano me hace dudar todo lo que acabo de decir.

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Gurús y maricaditas varias

Una vez leí un tuit que decía algo como “a veces uno no vuelve a leer a un tuitero y no sabe si fue que se murió o si es que ahora es feliz”. No escribo desde el más allá. Mi excusa para haber dejado de escribir, una que ni siquiera necesito, es que cambié de ciudad y empecé a estudiar otra vez. He viajado, he conocido gente, he olvidado gente, he aprendido más de mi, tengo otras rutinas.

No quiero decir que solo puedo escribir cuando estoy triste, pero la pensadera en bobadas sí es una fuente de tema muy cómoda. Algún día la ansiedad me llegó a nivel rojo y abrí un blog. Ahora que aquella va suavecito para abajo, he pensado mucho sobre qué quiero escribir en adelante. Porque es una herramienta de desahogo pero es, quiero que sea, mucho más que eso.

Lo que pasa es que es muy jodido ya que una no sabe nada. Veo gente dando consejos y diciéndole a otros cómo es que hay que vivir y pienso que lo más fácil para “crear contenido” es hacer guías y dar tips condescendientes, como hablándole a bebés.

“Niñas, no hagan esto que eso no les gusta a los manes”.

“Niñas, les recomiendo esta dieta buenísima que solo he hecho dos días y aunque no soy médica ni nutricionista, por el poder de los más de mil seguidores, me siento con autoridad para compartir”.

“Beibis, hay que dejar ir, respirar, meterse a yoga, tomarse fotos con tazas de café, viajar a otro país en vía de desarrollo lleno de #gentelinda para darle #gracias al sol como yo que tengo vacaciones y presupuesto ilimitado, y así, les aseguro, todo va a estar bien”.

Reconozco que me pongo un tris amarga hablando de influenciadores, líderes de opinión, expertos de la moda, coaches de vida, etc.  ¿Dónde quepo yo? Yo solo quiero tener ideas, hilar palabras, cambiar esas ideas, releerme, decir: cómo era de boba, por qué dije esto, y peor, ¿por que lo publiqué?

No escribí en un tiempo porque no quiero creerme una gurú, porque no soy autoridad de nada. Porque aunque he dejado consejos, eran para mi. Levanto las manos en señal de yo no fui si alguien me dice que me hizo caso. Porque lo más importante que he aprendido de estar bien es que puede no durar y los remedios que uno descubre en 5 minutos de euforia ni son para siempre, ni son para todo el mundo.

He pensado en cambiar el nombre del sitio, me han dicho que suena a contenido político, o a hincha del algún equipo. Pero lo he considerado principalmente porque ya casi no me pongo roja, o ya no me importa tanto. Voy a dejarlo Soy Roja por cariño, porque mi mamá ya se lo aprendió y porque soy medio perezosa (otro motivo por el que dejé de escribir, no se le niega a nadie).

Pero sí puede ser que empiece a hablar de otras cosas, de películas, por ejemplo, o como dicen por ahí: de maricaditas varias. Se reciben sugerencias.

A continuación una serie de fotos para una tarea, nótese el paso de estar roja a creer que me voy a explotar y de ahí a estar normal. Lo bueno fue que me reí.

soy roja

El cable que ocupa todo el enchufe

¿Han visto qué hay cables que al conectarse ocupan no solo el enchufe del que sacan la energía, sino que además tapan los otros huequitos y uno ya no puede conectar nada más? Pues hay gente así. No sean el cable que ocupa todo el enchufe.

Esto es muy ñoño, pero me acuerdo cuando me enseñaron sobre la beneficencia y la no maleficiencia: Es preferible no hacer nada malo que hacer algo bueno. Pues yo propongo un nuevo orden: no estorbar > no hacer nada malo > hacer cosas buenas.

Parquearse mal y gastarse dos espacios, terminar de subir la escalera eléctrica y parar a conversar ahí, interrumpir cuando están atendiendo a otro para preguntar algo… lo que tiene en común esa gente es que no piensa en los otros.

Nos creímos eso de “sé protagonista de tu vida”. Pésima idea, pésima. Esto no tiene nada que ver con el amor propio, tiene que ver con ser consientes de que el mundo no fue hecho para que protagonizamos una película. En el mundo somos extras (cambio de metáfora, el enchufe me quedó corto).

No es grave. No quiere decir que no seas importante. Pero no hay que olvidar que para el otro la película que está pasando es la suya, no la tuya. A veces hay que parar y ver que el otro está viviendo su momento o que uno no es relevante 24/7.

Mi papá siempre criticó a otros papás que le decían a sus hijos príncipe, princesa, campeón. A ver, el niño tiene 2 años y no ha ganado nada, y la niña si es que llega a ser princesa, lo mejor es que abdique y promueva la democracia. De pronto a él se le fue la mano hacia el otro lado y el hecho de que me dijera “cosa” (de cariño “cosita”) y “gordo bandido” a mi hermano es la razón por la que ahora es escribo esto. ¿Será me falta creerme la estrella?

Pero tenía un punto. En general, más allá de cómo nos decían, nos criaron para creer que que la cámara está enfocada en nosotros y para ser poco observadores de los demás, de sus necesidades, de esos momentos en los que son ellos protagonistas y uno debe estar en el fondo. O mejor, hay que sacar la energía que nos corresponde y no estorbarle a nadie para sacar la propia.

Asunto: Pensum alternativo

13% - Pasión por el trabajo

Por Laura Palacio Correa*
Hace 4 años empecé a trabajar y más que semanas de cotización y experiencia para poner en la hoja de vida, esos 4 años (los mismos que duró mi carrera) han sido un segundo pregrado: “La universidad de la vida”. Es un cliché, es cursi y, sobre todo, es verdad.
Desde el colegio los profesores cogieron ese viciecito de amenazar con “así no va a ser en la universidad”; después, en la universidad seguían con “así no es en la vida real”; y ya me hice a la idea de que esto no se va a acabar nunca:
“¿Este es tu primer trabajo?, espera a que tengas responsabilidades reales”, “¿Te quieres jubilar? Jajaja eso no te va a tocar”, “¿Montaste una empresa? Hasta que uno no se quiebra la primera vez no sabe nada”…
Y sí, hay cosas para las que a uno no lo prepara…

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Súper Autosabotaje Paralizador

No es un hechizo de Harry Potter, ni la traducción de España al Kame Hame Ha de Dragon Ball. El Súper Autosabotaje Paralizador o PSA, por sus siglas en inglés, es un problema serio.

Las guerras, las plagas y dos tímidos que se gustan son las principales fuentes de control demográfico. ¿O acaso hay algo más frustrante que querer gustarle a alguien pero convertirse en una bola de nada porque los nervios anulan cualquier asomo de encanto?

Esos memes de “actúa normal, ahí viene el que te gusta” me representan tanto… Y sin abusar de mi ego, voy a decir que soy un encanto de persona, pero *aplican condiciones y restricciones. En entornos de tías, adultos mayores y gente por la que no siento ningún tipo de atracción puedo pasar por alguien normal, inteligente y posiblemente interesante, algunos se atreverían a decir que tengo buen humor.

En cambio, si alguien me gusta, mis neuronas y todas sus conexiones son reemplazadas por el mico que toca platillos, o más bien por la enciclopedia de dudas de Laura Palacio™. ¿Será que estoy bien sentada, si digo esto sueno boba, si me quedo muy callada parezco antipática, seré bonita, estoy muy gorda, se me fue la mano en rubor?

Mientras pasan estas y otras cosas por mi cabeza, el mundo no se detiene y aunque por dentro esté ocupadísima, por fuera parezco con un ligero problema mental. Entonces, si alguien me gusta, dudo mucho que algún día llegue a conocerme realmente.

Posibles soluciones

Aunque no llevé a cabo un arduo proceso investigativo, trabajé sobre varías hipótesis en la búsqueda de una cura. Estas son las conclusiones:

No me voy a poner a decir acá todas las contraindicaciones que tiene el alcohol, pero que ayuda, ayuda. Eso sí, es insostenible por razones mentales, de salud, económicas, calóricas y sociales. Descartado.

Lastimosamente el matrimonio arreglado ya pasó de moda y creo que mis papás no me ayudarían con eso. Además, la que sería mi dote se fue en mi educación.

Lo óptimo sería encontrar a alguien que crea que mi silencio es misterioso, mi torpeza, encantadora y mi falta de carisma es no sé ¿interesante? Pero esto se me sale de las manos y solo pasa en comedias románticas. Será escribir una…

(A veces creo que se me va la mano exponiendo acá todo lo que pienso, pero me acuerdo que me leen como 10 personas y se me pasa. Además, quien sabe, puede que con mis investigaciones me acepten en la Asociación Americana de Psicología (APA, por sus siglas en inglés), o que al menos algún día me den una columna en la Revista Tú).

Cambiar de género

Si con el título pensaron que voy a pasar a ser hombre, les digo de una vez: no. Ni siquiera he podido con el paso de niña a mujer.

Si hay algo que me interesa más que las libertades sexuales de los individuos es el cine. Por eso tengo una tendencia a auto explicarme la vida a través de él. Por ejemplo, desde hace mucho mi problema dicotómico de distinguir entre el bien y el mal ha tenido que ver con la idea de héroes y villanos ampliamente difundida por las películas. Pero eso será (si no me da pereza) otra publicación. En este caso voy a hablar de una linda y rebuscada metáfora de la vida como una película, más específicamente como un género cinematográfico.

Me acabo de dar cuenta que desde hace un tiempo he adoptado el género de comedia en mi vida diaria. Habrán notado que la mayoría de las películas pasan en nuestro universo, o por lo menos en uno muy parecido. Pero de “Cómo perder a un hombre en 10 días” a “Taxi driver” hay como tres galaxias de distancia, así las dos sean en Nueva York. Lo que las diferencia, además de los años, es el género.

Así como directores y guionistas definen los tonos de sus películas y al final terminan siendo dramáticas o de comedia (o de acción, romance, etc.), me di cuenta de que uno puede escoger el género de su vida.

En estos días un amigo, muy querido y bien intencionado él, me dijo que había notado un gran cambio en mí. Me dijo que antes era medio “jarta” porque era la víctima y ahora soy como una nueva persona. Menos mal ahora estoy en lo de la comedia, porque si esto fuera un drama ya estaría llorando otra vez.

No es lindo que a uno le digan que es una mamera, pero sí es lindo que te digan que has cambiado y has mejorado. Es lo mismo con las películas, dependen de cómo interpretes la historia.

Si una escena empieza sombría, hay una música de fondo que indica que algo malo va a pasar y luego a la protagonista la atropella un carro, pues ahí ya no hay nada que hacer, la pobre va a morir o por lo menos a quedar con secuelas de por vida. Si en cambio Chaplin está caminando y lo atropellan, lo más posible es que se pare otra vez y que toda la secuencia haya sido chistosa. Obvio no me voy a lanzar a la carrera séptima para comprobar el nuevo género de mi vida, pero sí he decido dejar de ser la víctima.

En cada publicación voy contando un poco más de quien soy yo: ya les dije que era roja, que era boba, que era insegura. Pues les cuento que además soy torpe. Torpe así como como quien se pega con las paredes, se cae, no sabe bailar, piensa que le van a dar un beso y en realidad era un saludo de mano: torpe.

Pues para ser torpe no hay remedio. Pero lo que sí hay es la opción de reírse con los demás. Ya mis amigas me dejaron muy claro que cada que me caiga, se van a reír. Pues lo mejor es reírme con ellas y esperar seguir con vida en la siguiente escena. (Ay, Laura, que metáfora tan linda).

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Qué mañesada. LP*

Casi 10 años después de salir del colegio, todavía sigo con algunos asuntos pendientes de esa época. Hay gente que la supera más fácil y yo les prometo que yo ya casi, pero mientras tanto me proporciona tema.

El colegio, esa institución católica para señoritas integras de la que he hablado varias veces, me dejó muchas cosas: amigas, recuerdos, bla bla bla (si quieren les muestro el anuario), pero hay otras que le quisiera devolver.

No es parte del programa educativo, pero cuando uno está con la misma gente todo el día por 14 años se le pegan cosas extracurriculares, y no necesariamente me refiero a deportes. Se le pega (y transmite) ese vicio de separar todo entre mañé y no mañé. Yo todavía lo vivo y muy a mi pesar, lo hago. Qué cosa tan horrible.

El problema no es que uno identifique la mañesada, es normal preferir una estética, el problema es que uno juzga a la gente a partir ella. Hay tantas maneras de sentirse superior: desde la ropa, los carros, la manera de maquillarse, hasta el lenguaje.

En plena adolescencia se empieza a contagiar y a caer en acuerdos explícitos (recuerdo conversaciones enteras al respecto) sobre palabras prohibidas como “cabello”. Esa es básica, pero en mi circulito fuimos tan lejos que llegamos a tachar “favorito”, “herida” y “hospital”. ¿Hospital? Sí, según una amiga, uno debía decir “clínica”. Hasta el sol de hoy no sé por qué reemplazar “herida”, me dio pena preguntar.

Qué rabia que uno tenga eso ahí aprendido en el mismo rincón del cerebro que la regla de tres. Criticamos nombres si tienen “y”, criticamos hasta un pantalón porque no tiene bolsillos, criticamos todo lo que se atraviese que no coincida con nuestro refinado gusto.

Eso sí, superiores no somos. Somos unas bobas (bobos también hay, por supuesto) que no han podido superar la etapa en la que criticar era la manera más fácil de validación. Ojalá, como todos los traumas adolescentes, la pendejada se me pase rapidito.

¿Qué dirán de uno?

*No es que vaya a seguir poniendo mis iniciales en el título de cada entrada. Para los que no saben, LP es una sigla difundida y popularizada que significa “Lo peor”. Casi siempre está acompañada de un “gorda” o un “amiga” y un “literal”, así: “LP, gorda. Literal”.

Los 10 mandamientos revisados

Yo no sé si uno empieza a ser ateo porque deja de creer, porque deja de necesitarlo o porque no entendió algo que los otros sí. Ni siquiera sé si soy realmente atea o si voy a serlo toda la vida. En mi anuario del colegio, por ejemplo, empecé agradeciéndole a dios por mi familia, algo que hoy no haría con tal convencimiento. Todavía los amo, pero el agradecimiento se ha inclinado más hacia mis papás y a mi hermano directamente, ellos merecen algún tipo de crédito por ser tan queridos.

Lo que sí sé es que por mucho tiempo la idea de los mandamientos me ha parecido maravillosa. No funcionan muy bien, como cualquier otra ley, pero me alegra que haya al menos un tipo de guía.

Como estoy convencida de que uno no debe ser bueno por recompensa divina, sino para que este mundo no parezca el infierno con el que tanto amenazan, creo que debemos preservar los mandamientos, incluso para los que no practicamos la religión. Eso sí, con varios milenios encima y con una autoría dudosa, vale la pena revisarlos.

  • Amarás a Dios sobre todas las cosas: Bueno, analizar este es raro viniendo de mí, pero amar está bien, y si alguien quiere amar a su dios sobre todas las cosas, todo bien. Con tal de que no sea “odiarás todo lo que creas contrario a tu dios, por mí, adelante. Dejémoslo en: amarás.

 

  • No tomarás el nombre de Dios en vano: según entiendo, tengo que dejar de decir “te lo juro por dios”. Pero en un mundo arreligioso, no le veo un equivalente que sirva. Siguiente.

 

  • Santificarás las fiestas: Este sí. Pero antes de que piensen que me aprovecho de los festivos católicos cuando no debería, me explicaré. No digo que tengamos que celebrar el día del sagrado corazón, pero las fiestas o los días especiales han traspasado lo religioso y son cosas que unen a las familias y seres queridos y exaltan sentimientos bonitos. Así que: Celebremos.

 

  • Honrarás a tu padre y a tu madre: sí y no. Si son un padre y una madre divinos como los míos, estoy totalmente de acuerdo. Papi y mami, los honraré. Pero no todos los papás y mamás son dignos, no todos deberían ser honrados y justificados solo porque biológicamente fueron capaces de procrear.

 

  • No matarás: No lo discutiré. Pero algunos católicos necesitan tatuarse esto o algo para que no se les olvidé.

 

  • No cometerás actos impuros: Si yo hubiera sido Moisés, en este punto, después de anotar todo, hubiera levantado la mano: “disculpe, profe, defíname impuro”. En la entrada Está bien no estar bien toqué un poco el tema de la culpa que tiene que ver con esa insistencia en hacernos sentir mal por todo, hasta por nuestra sexualidad. Impuras son muchas cosas (di tu el agua que se toma la gente en África), pero los actos que comentemos en nombre de la biología y la socialización no lo son. Este queda pendiente de un buen reemplazo.

 

  • No robarás: Perfecto. Ni una uva en Carulla. Si no trabajaste por algo o no pagaste por eso, no es tuyo y punto.

 

  • No dirás falso testimonio ni mentirás. También muy bien. Estos son los mandamientos que me gustan, no mentir está bien. Tampoco hay que estar ventilando todo porque eso ya es bobada. Como me enseñó mi psicóloga: no es lo mismo ser transparente que ser honesto.

 

  • No consentirás pensamientos ni deseos impuros. Cómo íbamos de bien… Dizque pecados internos. Estamos jodidos. Me parece más valioso que alguien tenga un mal pensamiento, pero logre no actuar sobre él. ¡Cuántos pensamientos tiene uno al día! De verdad está complejo filtrar hasta los pensamientos para evitar ir al infierno, no la logro. “Actuarás de acuerdo con tus principios” me parece mejor.

 

  • No codiciarás los bienes ajenos: (Ya sé lo que pasó: copié y pegué los mandamientos de una página católica cualquiera y por eso este se parece al 7 y en otras páginas me salen distintos). La clave está en la codicia, una cosa es tomar algo y otra quererlo. Aparentemente este también aplica para la mujer, la casa, la tierra, el buey y el asno. Pero me parece bien. Bien porque no hay nada peor que tener envidia, eso sí que es dañino.

 

Para cerrar quiero recomendar un libro: En qué creen los que no creen. Es una obra compuesta por cartas entre Umberto Eco y el cardenal Carlo María Martini (los dos más inteligentes y elocuentes de lo que uno puede llegar a ser en toda la vida) en la que discuten, entre muchas cosas, por qué alguien que no cree en dios puede ser bueno sin necesidad de la recompensa del cielo ni la amenaza del infierno. Es bonito y es una muestra de que se puede conversar con alguien que no opina lo mismo que uno si ambos tienen la mente abierta.

Como no soy tan elocuente como ellos, los dejo con está imagen de otra obra maestra, Mean Girls:

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Está bien no estar bien

Esta entrada abarca varias cosillas porque hace rato no escribo y me siento sabia.

Desde que voy donde la psicóloga hace casi un año, me la he pasado cual vendedora de Amway recomendando ir. Y no, lastimosamente no me dan comisión.

Una de las mejores cosas de este tiempo es que me di cuenta que está bien no estar bien. No digo que la ansiedad y la cuasidepresión sean recomendables, sino que no hay que sentirse culpable por tener esos sentimientos y entre más rápido uno acepte que no está bien, más rápido encuentra soluciones eficaces en vez de estar buscando remedios a medias y pendejadas que se pongan de moda.

Desde que estaba chiquita, víctima de una educación católica en la que reina el por mi culpa por mi culpa por mi gran culpa, sentía que no tenía derecho a estar triste, porque como nos lo recordaba el muy amado padre, “ustedes son el 1% de la población, lo tienen todo”. Ojalá pudiera decir que era un mensaje sobre el agradecimiento, pero no, era un mensaje para hacernos sentir culpables, para decirnos “no se quejen que no saben lo que es la vida”. Lo cierto es que cada versión de la vida es válida y uno no tiene por qué estar comparándose con los otros, así estén peor.

Saltemos unos años. Estoy en mi adolescencia. Lloro y no sé por qué, angustias existenciales van, angustias existenciales vienen. Seguro tienen más nombres o causas concretas pero en mi caso se minimizó a “desagradecimiento”. Fue injusto, pues hay mil razones válidas para sentirse mal, pero la sociedad ha resuelto que como hay gente peor que tú en términos económicos, no deberías sentirte así.

Saltemos otros años. I´m not a girl, not yet a woman (cántese cómo Britney). La semana pasada se estrenó en Colombia I Feel Pretty, una película que me encantó no por razones cinematográficas concretamente, sino porque fue como “¿alguien se metió a mi diario e hizo una película?” (no tengo diario, pero entiendan la idea).

La protagonista, interpretada por Amy Schumer, es insegura y solo hasta que se siente hermosa logra hacer todo lo que se propone. Más allá de si la película es buena o no (sí es buena), leí de una polémica en Estados Unidos porque había gente que decía que Schumer no era lo suficientemente gorda para que el personaje se sintiera inseguro, que no era justo con la gente más gorda que esta persona dijera que estaba gorda. ¿Ahora uno tiene que estar lo suficientemente llevado para tener inseguridades válidas y trabajar en ellas? ¡Faltaba más!

¡Pero sí es justo! Las inseguridades de todos son distintas y no necesariamente coinciden con las de los demás, uno trabaja por lo que necesita y los demás verán cómo resuelven lo suyo, aunque a continuación va mi recomendación (dije que me sentía sabia).

Volviendo a los métodos de de ayuda, retomo mi consejo: si se sienten mal (por las razones y en el contexto que sean), vayan donde un psicólogo. Eso sí, es imperativo que esa persona sea más inteligente que uno, porque no se puede estar oyendo a gente que no sabe lo que dice, o que no es capaz de analizar cada caso particular. Pero sí, ellos saben lo que hacen y creanme, la tristeza o la depresión son cosas serias y no se resuelven coloreando mandalas, ni leyendo frasecitas escritas sobre una playa genérica, ni haciendo un “detox” de jugos.

Algunas notas adicionales:

1. Sí, es caro pero es una inversión más importante que cualquier cosa que dé satisfacción instantánea.

2. Es diferente a hablar con amigos y familiares. Ellos se preocupan por uno, pero también sufren con uno. Con un psicólogo no hay que preocuparse por hacerlos sentir mal.

3. Ir donde un psicólogo no es sinónimo de estar loco o ser débil, es una herramienta más para aprender de uno mismo y de la vida.

P.D. Colorear mandalas es bacano, pero no arregla vidas.

Clasificado: Se busca gente boba

La frase “el vivo vive del bobo” debería estar en el escudo nacional en vez de “Libertad y Orden”. Es como la ley de la selva y acá sobrevive el más “avispado”. El dicho me ha traumatizado toda la vida porque según lo que se considera ser “vivo”, yo estoy en el grupo de los bobos y voy a terminar manteniendo a Colombia entera.

Hemos naturalizado cosas como pedir un sueldo más alto en un nuevo trabajo porque igual le van a rebajar, o pedir rebaja al comprar algo porque el precio está inflado. Es lo que se hace y ya todos lo aceptamos. Bueno, yo no. A mí me gustaría que las cosas fueran tal cual se ponen sobre la mesa, que no hubiera que estar pensando un paso más adelante para no salir estafado.

Los bobos no tenemos problemas cognitivos ni cromosomas de más, los bobos simplemente somos incapaces de adivinar cuando alguien nos quiere tumbar, cuando los otros no lo están diciendo todo, o cuando lo que están diciendo no es enteramente cierto.

En contextos más coloquiales y menos dramáticos los bobos tampoco sabemos maquinar y planear estratégicamente para manipular y hacer que las cosas sucedan a nuestro favor (tanto en el trabajo, como en las relaciones). Con decirles que los bobos hasta respondemos de una por whatsapp, porque no entendemos esos juegos de poder de dejar esperando o no “mostrar el hambre”.

Entonces busco gente boba para relaciones personales y laborales, gente que diga lo que está pensando, que pida y ofrezca lo justo, gente a la que no haya que leer entre líneas.

Como ya lo había dicho en otra entrada al blog, ponerme roja me delata y para mí es imposible no mostrar mis verdaderas intenciones y eso me deja en desventaja en un país en el que ser transparente y esperar transparencia es bobada.

Atentamente, una roja boba.

 

Menú de degustación para millennials

Hace unos días hablé con mi hermano sobre lo que significa ser exitoso, sobre los trabajos y los logros de la gente de nuestra edad. Él tiene 29 y yo 26, así que somos millennials por excelencia.

Aunque la palabra tiene un montón de connotaciones negativas, la mayoría dadas por los que son más viejos y creen que tenían el mundo hecho un postre y nosotros nos tiramos en todo, ser millennial tiene sus ventajas.

Para ir de lo malo a lo bueno, empezaré por decir que me da la impresión de que nosotros no fuimos criados para ser adultos, sino consentidos perpetuos. Esto es en parte porque los de una generación antes tienen pavor de entregar el mando. Si en este momento se necesita una maestría y 5 años de experiencia para conseguir un trabajo, seguro es porque entre más obstáculos nos pongan, más nos demoramos en alcanzarlos.

Por ahí leí, y no voy a negar que pudo haber sido en 9gag, que el bachillerato fue creado para retrasar la demanda de trabajo en la Gran depresión*.  Lo mismo pasa con todos los requerimientos que hay para empezar a trabajar: “buscamos joven bilingüe con moto, experiencia de dos años en mercadeo estratégico (fijo existe eso y ni idea qué es) y posgrado para cumplir las funciones de ejecutivo fotocopiador junior”. Si Homero hubiera nacido en 1989, sería imposible para él conseguir un trabajo en una planta nuclear que pagara lo suficiente para mantener una esposa, tres hijos, un perro, un gato, y tener dos carros en una casa de dos pisos.

Como ahora estoy tratando de ser positiva y no pensar en todo lo malo de esta sociedad agobian… (me dejé llevar otra vez), voy a contar por qué me parece positivo ser millennial y, sobre todo, un millennial fracasado.

Si mi hermano y yo estuviéramos satisfechos a nuestra tierna edad (los 20 son los nuevos 15), tendríamos un futuro miserable por delante. Muchas veces he sentido envidia de mis contemporáneos que avanzan en sus trabajos más rápido que yo. Pero acá va mi revelación: Odiar el trabajo y ganar poquito cuando uno es joven es una bendición.

Piensen en un restaurante a la antigua. Si tiene hambre suficiente, uno pido entrada, plato fuerte y postre. Y ya está, si la carne salió dura, pues de malas porque eso fue lo que pidió.  De buenas el del pescado que sí estaba delicioso. Parte de ser milllenial es querer probar toda la carta, y un menú de degustación ofrece la salida fácil a la ansiedad que nos genera tener que escoger.

En este momento, y por “momento” me refiero específicamente a lo que me tomó escribir esto, creo que si estuviera ganando un montón de plata, estaría estancada, sin curiosidad por lo que no he probado y cómoda pero con la duda de si podría estar haciendo otra cosa.  Puede que la semana entrante me esté dando contra las paredes por no haber encontrado mi lugar en el mundo, pero por ahora está bien no tener ni p*#ta ** idea de para donde voy.

*Es posible que me haya inventado este dato.

**Soy una dama y además mi mamá es practicamente la única que lee esto.